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miércoles, 28 de abril de 2010

MICRORRELATO.

Mi nombre es Halid y tengo 9 años. Ahora vivo en la ciudad de Amman pero antes vivía a las afueras de Najaf. No tengo familia, amigos y ni siquiera unos zapatos. Todo comenzó entre el 20 de marzo y el 1 de mayo del 2003..

Yo en aquel entonces tenía 7 años y unos pocos meses, vivía con mi papá, mi mamá, y mi hermano mayor en una casita con un pequeño huerto y un perrito. Todos dormíamos cuando golpearon la puerta, buscaban a papá y a mamá, eran soldados iraquíes. Papá se negó pero se lo llevaron a la fuerza. A mamá la drogaron mientras que a mi hermano lo perdonaron, lo ataron de pies y manos y lo echaron al lodo. Yo me asusté y corrí con todas mis fuerzas. Mi hermano gritaba que corriese, pero los soldados le pegaban. A mamá la mataron delante de mi hermano para que no intentase ir detrás de su padre. Los soldados se fueron y yo fui a por Mohamed, mi hermano, lo desaté y corrimos en dirección a Kut.
En el camino nos encontramos a mi perrito que me hizo olvidar por un instante la perdida de mis padres. Encontramos una casa en ruinas pero que se tenía en pie. Habían algunas provisiones y conservas que nos duraron poco. Pasamos dos días en aquella casa con la certeza de que la guerra había comenzado. Una noche el tejado se fue abajo, eran soldados americanos, destruyeron la casa mientras estábamos dentro, el perrito quedo bajo los escombros y mi hermano luchaba por sacarlo, yo lloraba pero no hacia mas que empeorar las cosas, el perrito ya no ladraba.
Salimos de la casa en ruinas viendo como una gran nube de polvo se alzaba bajo los pasos de los soldados. Seguimos caminando sin rumbo días enteros sin poder comer ni beber. Pasados los días, vimos una ciudad, Bagdad, mi hermano se desplomó, yo intente que despertase pero no se movía, un gran estruendo sacudió un edificio y se vino abajo, yo asustado corrí hacia la ciudad. Los pájaros de hierro bombardeaban la ciudad, la gente gritaba y lloraba, una mujer me dijo que corriese y salvase mi vida pero yo estaba aturdido y no me podía mover. Me desperté en una gran llanura pero no lo era, era Bagdad hecho ruinas.
Había personas que buscaban entre los restos a personas, otras ayudaban a los heridos. Se acercó un señor y me dijo que estaba inconsciente dos días, yo pregunte por todos, por papá, mamá y mi hermanito, pero el señor no me respondió mientras una lágrima se deslizaba por su cara desgastada por la edad.

Los cascos azules me subieron en el helicóptero mientras yo lloraba por mi familia. La gran nube negra se alzaba sobre las ruinas hasta donde llegaba la vista, los aviones insaciables seguían bombardeando las ciudades, el cielo lloraba desconsoladamente sobre mis lágrimas. Mis sueños, mi vida, todas las puertas cerradas, no tenia salida.

Al llegar a la ciudad de Amman, los soldados de la ONU me acogieron, refugiaron, nos dieron alimentos a todos los niños. Estuvieron con nosotros contándonos historias y aventuras que me hicieron olvidar la gran tragedia y la perdida de mi familia. Construyeron casas de acogida y colegios, se acababan de abrir muchas puertas para mi futuro y el de los demás niños. Gracias a los cascos azules, podemos crecer como personas.

miércoles, 14 de abril de 2010

El mundo de la calle.


Hola, me llamo John.
A los 10 años me quedé huerfano al tener mis padres un accidente, me metieron en un orfanato porque nadie quería acogerme en su casa. A los 14 años, decidí escapare de aquel sitio y irme al mundo de la calle.

Me uní a una banda de delincuentes de la ciudad. Ellos siempre me decían que todo iría bien, siempre sonreían por eso no me daba cuenta de lo mal que podía llegar a ser. Atracabamos tiendas y bancos y robábamos a gente por la calle. Pero un dia, decidimos ir a atracar a la casa de un famoso que vivía a las afueras, al llegar, un viandante nos dijo que no estaba, que estaba de viaje a Tokio. Entonces decidimos entrar, todo iba bien hasta que... Vino la policía. Eramos 5, al jefe lo mataron y solo escapemos yo y Mark. Huimos hasta las afueras ya que sabíamos que nos perseguían. Entonces cogimos y nos escondimos en una tipo de zulo que encontremos. La policía a toda caña pasó de lejos y cuando fuimos a salir, se nos tiraron encima 2 personas que nos cogieron de las piernas y nos arrestaron. Nos habían visto !!
Nos condenaron pero yo como era menor, me metieron hasta los 18 en el reformatorio y luego pasé dos años en la cárcel pero al año me sacaron por buen comportamiento. Mark aún sigue en la cárcel y le queda 1 año para salir.

Ahora estoy en libertad vigilada en casa de un amigo escribiendo este diario.

FIN

martes, 13 de abril de 2010

Microrrelato¡¡

Voy a contar una historia que ocurrió en un pueblo a unos niños.
En un pueblo, habían unos niños que tenían la costumbre de dar vueltas con la bici de noche. En una de sus vueltas nocturnas, vieron algo fuera de lo normal, una banda de personas estaba reunida en el bosque, éstos iban de negro y llevaban capuchas. Hablaban de actuar contra la central nuclear de su pueblo. Los niños se quedaron entre unos arbustos un buen rato sin que los hombres se dieran cuenta. Esa noche daba la casualidad de que uno de sus amigos había fallado a su excursión nocturna. Cuando ya iban a irse a sus casas, uno de los amigos pisó una rama en el bosque; uno de los hombres del grupo se giro y vió cómo los niños se iban; éste avisó a todos los hombres del grupo. Éstos corriendo fueron tras los niños. Cuando los niños iban a cruzar el río de noche con sus bicis cayeron al agua.
Los hombres cogieron a los niños , ya que habían oído todo el plan de los hombres contra la central nuclear. Los niños estuvieron faltando mucho a clase ; el amigo con el que iban normalmente , sospechó de su falta a clase, y se puso a investigar.
Esa misma tarde salió al bosque donde los niños iban normalmente.Éste encontró la chaqueta de uno de sus amigos, en el río donde cayeron por la noche.
El niño de camino a casa escuchó unos gritos en una casa abandonada, entró y vió a sus amigos atados , los desató en cuanto pudo y escaparon a avisar a la policía, una patrulla fue a la casa y detuvo a los hombres.
Una semana despues los hombres fueron a la cárcel. Habían conseguido detener a una red de criminales muy peligrosa. Les dieron un premio a los niños por su colaboración, sobre todo al que los rescató.
FIN

Testigos con alas

Íbico, el gran poeta griego, se dirigía a la famosa fiesta de Corinto, donde concurrían miles de personas deseosas de presenciar las celebres luchas de canto.
Para llegar a su destino Íbico tenía que atravesar el espeso bosque de Poseidón, cuajado de bandidos. Como su bolsa estaba vacía, se interno sin temor por aquella senda que hacia Corinto lo encaminaba, sin más equipaje que su lira y sus ilusiones.
Pero a la mitad del camino, se encontro con dos malhechores, que sin mediar palabra le embistieron. Íbico comprendío que su fin había llegado y que no había nada que hacer para salvar su vida.
Grito en vano, ya que nadie escucho sus lamentos.
-Nadie sabra de mi muerte- dijo el poeta
En ese momento, una bandada de grullas que en ese momento pasaban por ahí presenciaron su muerte. Y fueron ellas, las que al llegar a la fiesta de Corinto comunicaron la fatal noticia del asesinato de Íbico y delataron a sus asesinos, que fueron condenados a morir ahorcados en el patibulo y a soportar las burlas de la gente ahí presente.
Bien dijo el poeta:
La conciencia a los malvados
Castiga tan pronto y bien,
Que hay muy pocas que no esten
Dertro de su pecho ahorcadas.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Flotador De Papel - Microrrelato

enlace: http://www.abogados.es/microrrelatos/historico3.asp?mes=7&ano=2009

Los vecinos, alarmados por los aullidos lastimeros del cachorro tras la puerta, llamaron por teléfono a la Policía. El infeliz había fallecido de un infarto, sentado frente al televisor mientras consultaba la página de sorteos del teletexto. Como juez de guardia, me tocó levantar el cadáver, no sin antes retirar con disimulo el papelito que el difunto apretaba en su mano. Una corazonada me impulsó a esta acción, impropia de un magistrado con cuarenta años de carrera y un expediente inmaculado. Pero tres divorcios contenciosos con otras tantas esposas, siete hijos gastosos y mi próxima jubilación me sumían en una situación financiera más que complicada. Tras verificar que el boleto contenía la combinación ganadora de una primitiva con bote, comprobé que el finado no dejaba herederos: entendí enseguida que la Divina Providencia me enviaba este último flotador al que asirme para no ahogarme en la miseria...