Mi nombre es Halid y tengo 9 años. Ahora vivo en la ciudad de Amman pero antes vivía a las afueras de Najaf. No tengo familia, amigos y ni siquiera unos zapatos. Todo comenzó entre el 20 de marzo y el 1 de mayo del 2003..
Yo en aquel entonces tenía 7 años y unos pocos meses, vivía con mi papá, mi mamá, y mi hermano mayor en una casita con un pequeño huerto y un perrito. Todos dormíamos cuando golpearon la puerta, buscaban a papá y a mamá, eran soldados iraquíes. Papá se negó pero se lo llevaron a la fuerza. A mamá la drogaron mientras que a mi hermano lo perdonaron, lo ataron de pies y manos y lo echaron al lodo. Yo me asusté y corrí con todas mis fuerzas. Mi hermano gritaba que corriese, pero los soldados le pegaban. A mamá la mataron delante de mi hermano para que no intentase ir detrás de su padre. Los soldados se fueron y yo fui a por Mohamed, mi hermano, lo desaté y corrimos en dirección a Kut.
En el camino nos encontramos a mi perrito que me hizo olvidar por un instante la perdida de mis padres. Encontramos una casa en ruinas pero que se tenía en pie. Habían algunas provisiones y conservas que nos duraron poco. Pasamos dos días en aquella casa con la certeza de que la guerra había comenzado. Una noche el tejado se fue abajo, eran soldados americanos, destruyeron la casa mientras estábamos dentro, el perrito quedo bajo los escombros y mi hermano luchaba por sacarlo, yo lloraba pero no hacia mas que empeorar las cosas, el perrito ya no ladraba.
Salimos de la casa en ruinas viendo como una gran nube de polvo se alzaba bajo los pasos de los soldados. Seguimos caminando sin rumbo días enteros sin poder comer ni beber. Pasados los días, vimos una ciudad, Bagdad, mi hermano se desplomó, yo intente que despertase pero no se movía, un gran estruendo sacudió un edificio y se vino abajo, yo asustado corrí hacia la ciudad. Los pájaros de hierro bombardeaban la ciudad, la gente gritaba y lloraba, una mujer me dijo que corriese y salvase mi vida pero yo estaba aturdido y no me podía mover. Me desperté en una gran llanura pero no lo era, era Bagdad hecho ruinas.
Había personas que buscaban entre los restos a personas, otras ayudaban a los heridos. Se acercó un señor y me dijo que estaba inconsciente dos días, yo pregunte por todos, por papá, mamá y mi hermanito, pero el señor no me respondió mientras una lágrima se deslizaba por su cara desgastada por la edad.
Los cascos azules me subieron en el helicóptero mientras yo lloraba por mi familia. La gran nube negra se alzaba sobre las ruinas hasta donde llegaba la vista, los aviones insaciables seguían bombardeando las ciudades, el cielo lloraba desconsoladamente sobre mis lágrimas. Mis sueños, mi vida, todas las puertas cerradas, no tenia salida.
Al llegar a la ciudad de Amman, los soldados de la ONU me acogieron, refugiaron, nos dieron alimentos a todos los niños. Estuvieron con nosotros contándonos historias y aventuras que me hicieron olvidar la gran tragedia y la perdida de mi familia. Construyeron casas de acogida y colegios, se acababan de abrir muchas puertas para mi futuro y el de los demás niños. Gracias a los cascos azules, podemos crecer como personas.